Mi querido Joseph

Varios han sido mis enamoramientos literarios, de autores me refiero. El primero fue Chejov. Leer Mi Vida, la suya, se entiende, me subyugó de tal manera que me mantuvo enamorada durante varios años. No sé cómo ni porqué se apaciguó ese enamoramiento, pero así fue (como con todos supongo –menos uno, claro–). Luego fue Albert quien robó mi corazón durante otros años, Albert Camus por supuesto. También pasó, pero lo que nunca ha terminado ha sido el amor que tengo por los dos.

El último de mis amores literarios, el enamoramiento que todavía no ha terminado, es hacia Joseph Roth.  Por tanto no puedo dejar de recomendarlo encarecidamente. No sólo porque me encante, sino porque sin duda es el mejor. El mejor novelista del S. XX, sin duda. Si quieren diremos el mejor novelista centroeuropeo del S. XX.

Tiene una trayectoria vital estéticamente impecable: nace judío en Galitzia (hoy Ucrania), se hace socialista en su juventud como o podía ser menos; tras un viaje a Rusia abandona el socialismo, como era de esperar; y finalmente se convierte al catolicismo,lo que fue sorprendente. Dicen que por su admiración a la persona y a lo que supuso el tristemente sacrificado imperio austrohúngaro, la evidencia de la fe se le impuso.

Quien quiera ver cómo fue el Imperio, quien quiera ver la Europa de antes de la Gran Guerra, y quien quiera ver en lo que se convirtió Europa tras la 1ª Guerra Munadial, entonces ha de leer la obra de Roth. Sin duda La Marcha Radetzki, pero también cualquiera de sus obras. Y quien quiera leer las mejores nociones de lo que es la verdadera nobleza, entonces que lea El Busto del Emperador.

Huyendo de los nazis murió entre alucinaciones y ensueños.

Lo que daría por haberlos conocido.

Martina de Babel

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